Sonrío de reojo,
no me fio, no me mojo.
Me tomo a pecho los reproches
y no escucho los elogios.
Es mucho y por tanto obvio,
que ni me fio ni me mojo.
Lo que hemos hecho por las noches
cuando el cielo se volvía rojo...
Antes fuerte, ahora tan flojo
que ni me fio ni me mojo.
Que aunque tires de derroche
no me fío ni de tus ojos.

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