viernes, 19 de septiembre de 2014

Todo.


Por lo general siempre he sido un chico 
que es feliz con lo que tiene,
una persona que sabe extraer cada milésima al segundo.

Y solo quiero eso, 
un segundo,
un instante eterno.
Un siempre, nada más que eso.

Solo necesito el mundo entero,
cada rincón.
Quemar la carretera,
perderme en otra ciudad,
dormir en la calle,
pasear por el desierto,
hablar con gatos,
correr hasta caerme 
y reírme hasta que me duelan las costillas y me ahogue,
amar hasta que duela.

Siempre he querido eso,
simplemente eso
decirte siempre lo guapa que eres,
andar por toda la ciudad para una tontería,
pasar la tarde entera buceando en el mar.
Ahora mismo quiero solo eso,
en todas sus condiciones y contextos,
sencillamente eso, solo pido una cosa.
Quiero exprimir la última gota de mi vida,
la esencia de mi juventud entera 
sentado viendo nevar en la montaña,
fumando mientras charlo con alguien
que hace dos días era desconocido para mi 
mientras metemos los pies en el mar mirando la luna.
Quiero emborracharme de placer,
reirme por gilipolleces 
hacer el idiota por la calle.

No quiero nada más, en serio
solo lo quiero TODO.

Quiero tenerlo todo...
para luego poder regalartelo
con un lazo
y que tu me regales tu sonrisa
es lo único que quiero
y después tirarte en la cama y lamer todo tu cuerpo 
hasta que tu también lo quieras todo
y me pidas eso,
me pidas que te lo de todo,
eso que yo siempre he querido
y ahora te doy para que tu me lo des.

Eso,
simplemente
todo.

Y te abres ante mi como el cielo estrellado
hasta formar un abrazo
en el que nuestros espíritus sincronizados
comparten ese pequeño objetivo
de sentir, de vivir,
de quererlo TODO.


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